Convertirse en madre no es solo tener un bebé. Es, literalmente, convertirse en otra persona. Tu cerebro cambia, tus prioridades cambian, tu cuerpo cambia, tu identidad cambia. Y sin embargo, pocas veces se habla de ello con la profundidad que merece.
Hay un término para este proceso: matrescence. Y entenderlo puede cambiar por completo cómo vives la maternidad.
¿Qué es la matrescence?
El término fue acuñado por la antropóloga Dana Raphael y popularizado recientemente por la psiquiatra Alexandra Sacks en su investigación sobre la transición a la maternidad.
El término matrescence fue acuñado en los años 70 por la antropóloga Dana Raphael, pero fue la psiquiatra y psicoanalista Alexandra Sacks quien lo popularizó en los últimos años al aplicarlo al campo de la psicología perinatal moderna.
La matrescence hace referencia al proceso de transformación —física, emocional, hormonal, social e identitaria— que vive una mujer al convertirse en madre. Es un proceso comparable en intensidad a la adolescencia: una etapa de transición profunda en la que una versión de ti misma deja de existir para dar lugar a una nueva.
Y, como en la adolescencia, ese proceso puede ser turbulento, confuso, lleno de contradicciones. No porque algo esté mal en ti, sino porque estás en medio de una transformación enorme.
¿Por qué nadie habla de la matrescence?
Vivimos en una cultura que tiene un relato muy concreto sobre cómo debe ser la maternidad: felicidad desbordante, instinto maternal inmediato, amor incondicional desde el primer segundo. Un relato que deja muy poco espacio para la ambivalencia, la pérdida o la confusión.
Cuando la realidad no encaja con ese relato —y casi nunca encaja del todo— las madres tienden a pensar que algo falla en ellas. Que no son suficientemente buenas madres. Que están «haciendo algo mal». Y eso genera culpa, vergüenza y silencio.
La matrescence pone nombre a algo que siempre ha existido pero que raramente se ha reconocido: que convertirse en madre es uno de los cambios identitarios más profundos que puede vivir una persona, y que es normal que ese proceso sea difícil.
Qué cambia durante la matrescence
La transformación que implica la matrescence abarca múltiples dimensiones:
Cambios en el cerebro
La investigación neurocientífica ha demostrado que el cerebro de la madre experimenta cambios estructurales significativos durante el embarazo y el postparto. Estas transformaciones neurológicas están relacionadas con el aumento de la empatía, la capacidad de detectar las necesidades del bebé y la regulación emocional. El cerebro, literalmente, se reorganiza para la maternidad.
Cambios en la identidad
Antes de ser madre, tenías una identidad construida durante décadas: tus aficiones, tu trabajo, tus amistades, tu forma de relacionarte, tu cuerpo. Con la llegada del bebé, todo eso se reorganiza —o tiene que reorganizarse— alrededor de un nuevo rol. Y ese proceso puede generar una profunda sensación de pérdida, aunque lo que venga sea algo bueno.
La ambivalencia: amar y echar de menos a la vez
Uno de los aspectos más difíciles de nombrar de la matrescence es la ambivalencia: la coexistencia de amor intenso por el bebé con tristeza por la vida que ya no existe. Puedes querer a tu bebé con toda tu alma y, al mismo tiempo, echar de menos dormir de un tirón, tu independencia, los planes espontáneos, la versión de ti misma que existía antes.
Esta ambivalencia no significa que seas mala madre. Significa que eres humana. Y reconocerla, en lugar de reprimirla, es fundamental para transitarla de forma saludable.
Cambios en la relación de pareja
La llegada de un bebé transforma inevitablemente la dinámica de pareja. El tiempo, la atención y la energía se redistribuyen. Los roles cambian. Las expectativas sobre quién hace qué pueden generar tensión. Es habitual que la intimidad emocional y sexual se vea afectada. Nada de esto significa que la relación esté «rota»: significa que también está atravesando su propia transformación.
La matrescence y la salud mental perinatal
Comprender la matrescence es importante para la salud mental perinatal porque cambia el marco desde el que interpretamos el malestar de las madres. En lugar de preguntar «¿qué le pasa a esta mujer?», la pregunta pasa a ser «¿qué está atravesando esta mujer?».
No todo el malestar emocional en el postparto es depresión postparto o ansiedad clínica. A veces es simplemente el dolor propio de una transformación profunda que no ha tenido el espacio ni el acompañamiento que merece. Y darle nombre —matrescence— ya es en sí mismo terapéutico.
Dicho esto, la matrescence y los trastornos del ánimo perinatales pueden coexistir. Si el malestar es intenso, persistente o interfiere con tu capacidad de funcionar o de cuidar a tu bebé, es importante buscar ayuda profesional.
¿Cómo acompañar la matrescence?
No hay un «manual» para transitar la matrescence, pero hay cosas que ayudan:
- Nombrarlo: saber que lo que estás viviendo tiene nombre y es normal ya es un primer paso enorme
- Permitirte la ambivalencia: no tienes que estar feliz todo el tiempo, ni sentirte culpable por los momentos difíciles
- Hablar con otras madres: la conexión con otras mujeres que están viviendo algo similar reduce el aislamiento y la vergüenza
- Cuidarte a ti misma: no como un lujo, sino como una necesidad real para poder cuidar a tu bebé
- Acompañamiento psicológico: un espacio terapéutico donde explorar la nueva identidad, procesar la ambivalencia y encontrar un camino hacia adelante
La matrescence no tiene fecha de caducidad
La matrescence no termina cuando el bebé cumple un mes, ni cuando empieza a dormir toda la noche, ni cuando te reincorporas al trabajo. Es un proceso que puede durar años, que se reactiva con cada hijo, y que en muchos casos no tiene un final claro. Más que un destino, es un camino.
Y ese camino merece ser transitado con apoyo, sin prisa y con toda la compasión que te mereces.
Si sientes que estás en medio de una transformación que te desborda, que no reconoces a la persona en la que te estás convirtiendo o que necesitas un espacio donde explorar todo esto, escríbeme. También puedes conocer más sobre el acompañamiento psicológico durante la maternidad que ofrezco. Estoy aquí para acompañarte.

